Mateo 6:32-33

Mateo 6:32-33

miércoles, 9 de abril de 2014

El por qué los Apócrifos no pertenecen a la Biblia

El por qué los Apócrifos no pertenecen a la Biblia

Los Católicos y Protestantes no están de acuerdo con relación al número exacto de libros que pertenecen a las Escrituras del Antiguo Testamento. La disputa es acerca de siete libros, los cuales son conocidos como Apócrifos: 1º y 2º Macabeos,  Sirá (Eclesiástico), Sabiduría (Sabiduría de Salomón), Baruc, Tobías, Judit, y adiciones a Daniela y Ester.1 Sin embargo, existe un número de razones del por qué los libros Apócrifos no deberían ser parte del Canon o de los escritos estándares de la Escritura.

Rechazo de Jesús y los Apóstoles

1. Definitivamente, no existe ninguna cita de los Apócrifos mencionada por Jesús o por los apóstoles. Aunque puedan existir algunas menciones indirectas a los Apócrifos en el Nuevo Testamento, no hay declaraciones hechas con autoridad como: “Así dice el Señor”, “Así está escrito” o, “La Escritura dice”.  Más bien, en el Nuevo Testamento existen referencias a los “pseudoepígrafos”, literalmente “falsos escritos.” (Jud 14-15), citas de fuentes paganas como en Hechos 17:22-34, pero ninguna es mencionada como Escritura y son de hecho, rechazadas por  el Catolicismo Romano. Los escritores del Nuevo Testamento sí citan al Antiguo Testamento numerosas veces (Mateo 5; Lc 24:27; Jn 10:35), y usan frases tales como: “Así dice el Señor…”, “Oísteis que fue dicho…”, “También fue dicho…”, “La Escritura dice…” o,  “…esto es lo dicho por…”, indicando de esta manera, la aprobación por parte de ellos, de esta Escritura.
2. Jesús, en forma implícita, rechazó los Apócrifos como Escritura al referirse a todo el Canon Hebreo aceptado como Escritura: “desde la sangre de Abel [Gn 4:8] hasta la sangre de Zacarías [2 Cr 24:20], que murió entre el altar y el templo; sí, os digo que será demandada de esta generación.” (Lucas 11:51. Compárese con Mateo 23:35).
Abel fue el primer mártir del Antiguo Testamento en el Libro de Génesis, mientras que Zacarías fue el último en el Libro de Crónicas. En el Canon Hebreo, el primer libro fue Génesis y el último fue Crónicas. Estos son los mismos libros que los 39 aceptados comúnmente hoy día por los Protestantes, pero arreglados de forma diferente. Por ejemplo, los 12 profetas menores ―desde Oseas hasta Malaquías― estaban contenidos en un libro. Esta es la razón del por qué hoy existen sólo 24 libros en el Canon Hebreo. Jesús, al referirse a Abel y Zacarías, estaba favoreciendo todo el Canon de la Escritura Hebrea el cual incluía los mismos 39 libros que los Protestantes aceptan hoy día. Por lo tanto, Jesús, de forma implícita, rechazó los Apócrifos como Escritura.

Rechazo de parte de la Comunidad Judía

3. De acuerdo a Romanos 3:2, los “oráculos de Dios” fueron dados a los Judíos y ellos rechazaron los Apócrifos del Antiguo Testamento como parte de la revelación inspirada. En interesante anotar que Jesús tuvo muchas discusiones con los Judíos, pero nunca lo hizo con relación a la magnitud de la revelación inspirada de Dios.2
4. Los rollos del Mar Muerto no suministran ningún comentario de los Apócrifos, pero sí lo hacen de algunos de los libros Judíos del Antiguo Testamento. Esto probablemente indica que la comunidad Judía de los Esenios no los tuvieron tan altamente en consideración como los libros Judíos del Antiguo Testamento.
5. Muchos antiguos Judíos rechazaron los Apócrifos como Escritura. Por ejemplo, Filo nunca los citó como parte de la Escritura. Josefo, rechazó en forma explícita los Apócrifos enumerando los libros del Canon Hebreo a 22.3De hecho, la comunidad Judía reconoció que los dones proféticos habían cesado en Israel antes de que los Apócrifos fueran escritos.

Rechazo por muchos en la Iglesia Católica

6. La Iglesia Católica no siempre aceptó los Apócrifos. Sin embargo, estos no fueron oficialmente aceptados sino hasta 1546 en un concilio universal conocido como el Concilio de Trento. Esto sucedió más de un milenio y medio después de que los libros fueron escritos y fue una reacción de venganza contra la Reforma Protestante.4
7. Muchos Padres de la Iglesia, rechazaron los Apócrifos como Escritura, utilizados algunas veces en devocionales. Por ejemplo, Jerónimo, el gran erudito y traductor de la Vulgata Latina, rechazó los Apócrifos como parte de la Escritura, sin embargo, y supuestamente debido a la presión de Roma, realizó una rápida traducción de los mismos. De hecho, algunos padres de la Iglesia como Orígenes, Cirilo de Jerusalén y Atanasio junto con Jerónimo, rechazaron estos libros.
8. Los libros Apócrifos fueron colocados en la Biblia antes y obviamente, después del Concilio de Trento; pero los mismos fueron colocados en una sección separada ya que no tenían una misma autoridad. Sin ser inspirados, los mismos eran utilizados con propósitos devocionales.

Falsas Enseñanzas

9. Los Apócrifos contienen un número elevado de falsas enseñanzas (ver: Errores en los Apócrifos). (Si desea investigar más, revise las siguientes referencias: http://www.newadvent.org/bible.)
  • La orden de utilizar magia (Tobías 6:5-7).
  • El perdón de pecados por el sólo hecho de dar limosnas (Tobías 4:11; 12:9).
  • Ofrecer dinero por los pecados de los muertos (2º Macabeos 12:43).

No Son Proféticos

10. Los libros Apócrifos no comparten muchas de las características de los libros Canónicos: No son proféticos, no existe en ellos ninguna confirmación sobrenatural de las obras de los escritores apócrifos, no existe profecía alguna dada por el Señor, no existe ninguna verdad Mesiánica revelada, tampoco existe alguna fuente en los libros proféticos que los cite como libros revelados/inspirados por Dios. Finalmente, estos libros reconocen que no había ya más profetas en Israel al momento de ser escritos (Compare 1º Macabeos 9:27; 14:41).

Fuente:
http://www.miapic.com/el-por-que-los-apocrifos-no-pertenecen-a-la-biblia

¿Quien dices que soy? por John MacArthur‏

¿Quién dices que soy?


Con esta breve pregunta, Jesucristo confrontó a Sus seguidores con el tema más importante que jamás habían enfrentado. Él había pasado bastante tiempo con ellos y había hecho declaraciones impactantes de Su identidad y autoridad. Y tú…¿quién dices que es Jesús? Tu respuesta determinará no sólo tus valores y tu estilo de vida, sino también tu destino eterno. Considera lo que la Biblia dice acerca de Jesús.

JESÚS ES DIOS

Cuando Jesús estuvo en la tierra hubo mucha confusión acerca de Quién era Él. Algunos pensaron que era un hombre sabio o un gran profeta. Otros pensaron que estaba loco. Y otros permanecieron indecisos o indiferentes. Pero Jesús dijo: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). Eso quiere decir que Él decía ser nada menos que Dios en carne humana.

Hoy en día mucha gente no entiende el hecho de que Jesús declarara ser Dios. Estas personas son felices pensando que Él era poco más que un gran maestro moral. Pero aún Sus enemigos entendieron las declaraciones que Él hizo de Su deidad, por esta razón ellos trataron de apedrearlo hasta matarlo (Juan 5:18; 10:33) y eventualmente lo crucificaron (Juan 19:7).

Un escritor llamado C.S. Lewis escribió: “ Tú puedes tacharlo de necio, tú puedes escupirle y matarlo como a un demonio o tú puedes caer a Sus pies y llamarlo Señor y Dios. Pero no salgamos con ideas absurdas de que Él fue un gran maestro. Él no nos ha dejado abierta esa posibilidad. Esa nunca fue Su intención” (Mere Christianity [Macmillan, 1952], pgs.40-41).

Si las declaraciones Bíblicas de Jesús son verdaderas, ¡Él es Dios!

JESÚS ES SANTO

Dios es absoluta y perfectamente santo (Isaías 6:3), por lo tanto Él no puede cometer o aprobar el mal (Santiago 1:13).

Como Dios, Jesús poseía todo elemento de la persona de Dios. Colosenses 2:9 dice, “En él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.” Él era perfectamente Santo (Hebreos 4:15). Sus mismos enemigos no podían probar acusación alguna en contra de Él (Juan 8:46).

Dios también requiere santidad de nosotros. Primera de Pedro 1:16 dice: “Sed santos, porque yo soy santo.”

JESÚS ES EL SALVADOR

Nuestra desobediencia a Dios –al no ser santos- nos coloca en una situación en la que nos encontramos en peligro de castigo eterno (2 Tesalonicenses 1:9). La verdad es que no podemos obedecerlo porque no tenemos ni el deseo ni la capacidad de hacerlo. Por naturaleza somos rebeldes contra Dios (Efesios 2:1-3). La Biblia llama a nuestra rebelión “pecado.”

De acuerdo a la Escritura, todo ser humano es culpable de pecado: “No hay hombre que no peque” (1 Reyes 8:46). “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Y somos incapaces de cambiar nuestra condición pecaminosa. Jeremías 13:23 dice: “¿Mudará el etíope su piel y el leopardo sus manchas? Así también: ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?”

Eso no quiere decir que somos incapaces de llevar a cabo actos de bondad humana. Hasta podemos estar involucrados en diversas actividades religiosas o humanitarias. Pero somos absolutamente incapaces de entender, amar o agradar a Dios por nosotros mismos. La Biblia dice: “No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:10-12).

La santidad y justicia de Dios demandan que todo pecado se castigue con la muerte: “El alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:4). Para nosotros eso es difícil de entender porque tendemos a evaluar el pecado en una escala relativa, pensando que algunos pecados no son tan graves como otros. No obstante, la Biblia enseña que todos los actos de pecado son el resultado de pensamientos pecaminosos y deseos perversos. Ésa es la razón por la que cambiar únicamente nuestros patrones de conducta, no puede resolver nuestro problema de pecado o eliminar sus consecuencias. Necesitamos ser cambiados internamente para que nuestros pensamientos y deseos sean santos.

Jesús es el único que nos puede perdonar y transformar, y de esta manera, librarnos del poder y de la paga del pecado: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombre en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

Aunque la justicia de Dios demanda la muerte por el pecado, Su amor ha provisto un Salvador, Quien pagó el precio y murió por los pecadores: “… Cristo padeció una sola vez por los pecadores, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18). La muerte de Cristo cumplió el requisito que la justicia de Dios demanda y de esta manera, hizo posible que Dios perdonara y salvara a aquellos que creen en Él (Romanos 3:26). Juan 3:16 dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Sólo Él es nuestro gran Dios y Salvador (Tito 2:13).

JESÚS ES EL ÚNICO CAMINO ACEPTABLE DE FE SALVADORA

Algunas personas piensan que no importa lo que alguien crea, siempre y cuando la persona sea sincera. Pero sin un objeto válido tu fe no sirve.

Si tú bebés veneno-pensando que es medicina-toda fe del mundo no va a restaurar tu salud. De la misma manera, si Jesús es la única fuente de salvación y estás confiando en alguien ó algo más para tu salvación, tu fe no sirve.

Muchas personas creen que hay muchos caminos para llegar a Dios y que cada religión representa una parte de la verdad. Pero Jesús dijo, “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Él no dijo que era uno de muchos caminos legítimos para llegar a Dios o el camino a Dios sólo para esa época. Él dijo ser el único camino a Dios-en ese entonces y para siempre.


JESÚS ES SEÑOR

El pensamiento contemporáneo dice que el hombre es el producto de la evolución. Pero la Biblia dice que fuimos creados por un Dios personal para amarlo, servirlo y disfrutar una comunión eterna con Él.

El Nuevo Testamento revela que Jesús Mismo fue Quien creó todo (Juan 1:3; Colosenses 1:16). Por lo tanto, Él también es dueño de y tiene autoridad sobre todo (Salmo 103:19). Eso quiere decir que tiene autoridad sobre nuestras vidas y le debemos devoción absoluta, obediencia y adoración.

Romanos 10:9 dice: “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” Confesar a Jesús como Señor quiere decir someterse humildemente a Su autoridad (Filipenses 2:10-11). Creer que Dios lo ha levantado de los muertos quiere decir que confías en el hecho histórico de Su resurrección—el pináculo de la fe Cristiana y la manera en la que el Padre afirmó la deidad y autoridad del Hijo (Romanos 1:4; Hechos 17:30-31).

La verdadera fe siempre está acompañada de arrepentimiento del pecado. El arrepentimiento es más que simplemente sentirnos mal por el pecado. Es estar de acuerdo con Dios en que eres pecador, confesar tus pecados a Él, y tomar una decisión consciente de dejar el pecado y seguir la santidad (Isaías 55:7). Jesús dijo, “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15); y “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” (Juan 8:31).

No es suficiente creer ciertos hechos de Cristo. Hasta Satanás y sus demonios creen en el Dios verdadero (Santiago 2:19), pero no lo aman ni lo obedecen. Su fe no es genuina. La verdadera fe salvadora siempre responde en obediencia (Efesios 2:10).

Jesús es el Señor soberano. Cuano lo obedeces estás reconociendo Su señorío y te estás sometiendo a Su autoridad. Eso no quiere decir que tu obediencia siempre será perfecta, pero esa es tu meta. No hay área de tu vida que rehúses entregársela.

JESÚS ES EL JUEZ

Todos los que rechacen a Jesús como su Señor y Salvador lo enfrentarán un día como su Juez: “Dios…ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:30-31).

Segunda de Tesalonicenses 1:7-9 dice: “Cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluídos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.”

¿CÓMO RESPONDERÁS?

¿Quién dice la Biblia que es Jesús? El Dios viviente, el Santo, el Salvador, el único objeto válido de fe salvadora, el Señor soberano y el Juez justo.

¿Quién dices tú que es Jesús? Ésa es la pregunta inescapable. Sólo Él puede redimirte—librarte del poder y de la paga de tus pecados. Sólo Él puede transformarte, restaurarte para que tengas comunión con Dios y dar a tu vida propósito eterno. ¿Te arrepentirás y creerás en Jesucristo como tu Señor y Salvador?

 Extraído del libro La voluntad de Dios, escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Mundo Hispano.
http://www.gracia.org/recursos.aspx?article=2&p=a

jueves, 6 de marzo de 2014

Recuperando la feminidad bíblica

"Recuperando la feminidad bíblica" — Por Nancy Leigh DeMoss
En el año 1990 la revista Time le dedicó una edición especial completa al tema de la mujer. La edición especial de ochenta y cuatro páginas presentaba una crónica de la revolución feminista de la generación pasada. Incluía artículos sobre avances revolucionarios tales como “el camino hacia la igualdad”, la psicología de crecer como mujer, los roles cambiantes de la mujer en el mercado de trabajo, la mujer como consumidora, perspectivas de cambio sobre el matrimonio y la familia, y los obstáculos que enfrentan las mujeres que aspiran carreras políticas.
En una sección se incluían los perfiles de “10 mujeres de temple” que habían combinado “talento y empuje” para ser “exitosas” en sus carreras, desde una que era jefe de la policía hasta una artista del rap.
Brilló por su ausencia en toda la edición el reconocimiento a mujeres que han tenido éxito en formas que no están relacionadas con carreras o profesiones, mujeres que han permanecido casadas exitosamente al mismo hombre o que han tenido éxito en criar hijos que están haciendo una contribución positiva a la sociedad.
Tampoco es sorpresa que no se le echaran flores o elogios a ninguna mujer por ser reverente y moderada, o modesta y casta, o gentil y callada; por amar a su esposo e hijos, por mantener una casa limpia y bien ordenada, por cuidar de sus padres ancianos, por proveer hospitalidad, por actos de bondad, servicio y misericordia, o por demostrar compasión por los pobres y necesitados; el tipo de éxito que, conforme a la Palabra de Dios, es al que las mujeres deben aspirar (1 Ti. 5:10; Tit. 2:3-5).
Me chocó el hecho de que aunque la cobertura de la revista Time presentara mujeres en diferentes roles y escenarios, hubo muy pocas referencias al hogar. Las lectoras que han escogido una carrera como “ama de casa” fácilmente pudieron haberse sentido conmocionadas por el solitario artículo sobre las “esposas” insertado en una columna lateral, titulado “Precaución: Trabajo Peligroso”, y con el subtítulo de: “¿En busca de una seguridad económica que le dure toda la vida? No invierta en ser ama de casa”.
Parece ser que la identidad y el valor de la mujer han llegado a corresponderse con su papel en la comunidad o en el mercado. Así es como generalmente se define, se mide y se experimenta su “valor”. En contraste, se asigna relativamente poca prioridad o valor a su rol en el hogar.
El fruto de la revolución
La revolución feminista estaba supuesta a llevar a la mujer a una mayor realización y libertad. Pero no puedo dejar de verme embargada por un sentido de tristeza cuando veo lo que ha sido sacrificado en medio de esta conmoción: la belleza, la maravilla y el tesoro que son el carácter, el llamado y la misión que caracterizan a la mujer.
No debe sorprendernos que el mundo secular esté confundido y equivocado respecto a la identidad y el llamado de la mujer. Pero lo que encuentro preocupante es el grado hasta el cual la revolución descrita más arriba se ha arraigado aun dentro del mundo evangélico.
Vemos el fruto de la revolución cuando conferencistas, autores y líderes cristianos promocionan, ya sea sutil o abiertamente, el propósito de incentivar a la mujer a definir y descubrir su valor en el mercado, en la sociedad o en la iglesia, mientras se minimiza (o hasta en detrimento de) sus roles distintivos en el hogar como hijas, hermanas, esposas y madres, como portadoras y fomentadoras de vida, como cuidadoras, como las que tienen el privilegio y la responsabilidad de formar el corazón y el carácter de la próxima generación.
Vemos el fruto de la revolución en los ojos y el clamor de mujeres que se están ahogando en el atolladero del divorcio en serie, nuevas nupcias e hijos rebeldes; mujeres completamente exhaustas por las exigencias de tratar de hacer malabares con uno o más trabajos, con su función como madres solteras y ser activas en la iglesia; mujeres que están desorientadas y confundidas, que carecen de un sentido de misión, visión y propósito para sus vidas y que están perpetuamente rodeadas de dolor, falta de confianza en sí mismas, resentimiento y culpabilidad.
Sí, la revolución ha llegado a la iglesia. Y cuando sacamos cuenta de las ganancias y pérdidas, no hay duda en mi mente de que las mujeres han sido las perdedoras, así como sus esposos, hijos y nietos, toda la iglesia juntamente con nuestra cultura perdida e incrédula.
Un llamado contrarrevolucionario
Hace algunos años empezó a despertarse en mi corazón un sentido fresco de misión. Desde ese tiempo, el sentido de pesimismo y desesperanza de ser tragada por la revolución ha sido sustituido por esperanza y entusiasmo.
Un estudio sobre el desarrollo del feminismo moderno (el feminismo en sí tuvo su origen en el Jardín del Edén) me impactó con el hecho de que esta revolución masiva no empezó como una revolución masiva.
Empezó en los corazones de un puñado relativamente pequeño de mujeres con un propósito, mujeres con esfuerzos determinados e intencionales.
Mientras consideraba el crecimiento del feminismo moderno, empecé a preguntarme lo que pudiera suceder en nuestros días si apenas un pequeño número de mujeres devotas e intencionales empezaran a orar y a creerle a Dios por una revolución diferente, una contrarrevolución, dentro del mundo evangélico.
¿Qué sucedería si hubiera un “remanente” de mujeres que estuvieran dispuestas a volver a la autoridad de la Palabra de Dios, a abrazar las prioridades y el propósito de Dios para sus vidas y hogares, y vivir la belleza y la maravilla de la femineidad como Dios la creó?
A diferencia de la mayoría de las revoluciones, esta contrarrevolución no exige que marchemos en las calles ni que enviemos cartas al Congreso o nos unamos a una organización más. No nos exige que salgamos de nuestras casas, de hecho, para muchas mujeres es un llamado a que regresen a sus hogares. Sólo exige que nos humillemos, que aprendamos, afirmemos y vivamos el patrón bíblico de la femineidad, y que enseñemos los caminos de Dios a la próxima generación. Es una revolución que tendrá lugar en nuestras rodillas.
Quiero invitarlas a formar parte de esta contrarrevolución, librada no con las armas de la ira, el descontento, la rebelión y el rencor, sino con la humildad, la obediencia, el amor y la oración, creyendo que en el tiempo de Dios los cambios producidos serán más profundos y de un orden superior que cualquiera de los cambios masivos sociopolíticos que nuestro mundo ha vivido en esta generación.

lunes, 17 de febrero de 2014

Sugerencias para Orar la Palabra

                Sugerencias para Orar la Palabra
1. Notemos que hay una conexión directa entre el grado en que nuestra mente es moldeada por las Escrituras y el grado en que son contestadas nuestras oraciones. Jesús dijo: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15:7).
2. Recuerde que, como dijo D. M. M´Intyre: Dios solo contesta las peticiones en cuya formulación halla participado su Hijo.”Si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14).
3. Observe que la iglesia primitiva oró las escrituras, por ejemplo, la oración de Hechos 4:24-31 cita al Salmo 2. también las oraciones en el Antiguo Testamento como la de Esdras en Nehemías 9:6-37 son repeticiones de textos e historia biblica.
4. Orar la Palabra significa leer (o recitar) las escrituras bajo un espíritu de oración y dejar que el significado de los versículos se conviertan en nuestra oración y que inspiren nuestros pensamientos.
5. Hay varias maneras de hacerlo, no solo una. Esto puede hacerse solo o en grupos. Uno puede hacer pausas despues de cada frase, de cada oración completa, de cada párrafo o de cada capítulo.
6. Voy a recomendar el siguiente procedimiento como algo para iniciar:
  • Halle un tiempo y un lugar tranquilo.
  • Comience con una breve oración como “Oh Señor, te necesito, vengo en tu busqueda porque te necesito. Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley” (Salmo 119:18).
  • Lea un capítulo de una de las epístolas rapidamente para captar la idea principal. La razón de esto es que el significado de una oración individual está controlado por el contexto. No debemos darle a un versículo el significado que nosotros queremos.
  • Si algo sobresale como de especial relevancia para usted, medite en esto y deje que le inspire y le de forma a su oración incluso antes de que regrese a leer una oración a la vez.
  • Si se encuentra con cosas difíciles de entender, tome nota mentalmente de esto para ser considerado e investigado posteriormente. Sea honesto, pero luego vaya a lo que parece estar mas claro.
  • Ahora vuelva al primer texto y léalo bajo la siguiente pregunta; ¿si este texto fuera a convertirse en una oración acerca de mi vida, como sería? Esto podría redargüirle y conducirle a una oración de confesión y arrepentimiento. Podría inspirarle a buscar un nuevo acto de obediencia y dirigirle a una oración de enseñanza y poder.
  • Trate de activar el versículo a lo largo del día observando su relación con respecto al desayuno, al trabajo y sus planes de vacaciones. Trate de analizarlo en relación a las diferentes personas en el hogar, el trabajo y la iglesia. Encontrará que un versículo puede producir media hora de oración cuando se observa desde docenas de diferentes situaciones y relaciones.
  • Trate de construir formas bíblicas de hablar en su mente y su corazón. Aquí es de especial importancia la necesidad de enriquecer nuestro vocabulario de adoración. Los salmos son magnificos para esto.
  • Si todo esto le parece difícil, trate primero la forma más facil de orar las Escrituras: o sea, orar las oraciones de las escrituras, como Hechos 4:24-31; Efesios 1:16-23; 3:14-19; Filipenses 1:9-11; Colosenses 1:9-14; 1
    Tesalonisenses 3:11-13; Hebreos 13:20-21; Apocalipsis 4:8, 11; 5:9-10, 12-14, etc. Todo lo que necesita hacer es pretender que usted es el autor bíblico y entonces leerlo como si fuera suyo, tal vez cambiando algunos pronombres.
  • Si tiene una lista de preocupaciones por las cuales quiere orar, lea el capítulo una tercera vez en busca de indicios de como debe orar por esas cosas.
Para su gozo de fe.
John Piper
http://soldados.unidosporlaverdad.org/sugerencias-para-orar-la-palabra/

viernes, 31 de enero de 2014

H.I.M.N.O.S. | Estrategias para combatir la lujuria.

                

                    Estrategias para Combatir la Lujuria
Al tratar este tema me refiero tanto a hombres como a mujeres. Para los hombres es obvio. La necesidad de una guerra contra el bombardeo de tentaciones visuales que se centre en imágenes sexuales es urgente. Aunque en el caso de las mujeres sea menos obvio, esta necesidad es similar si incluimos el ámbito de la tentación a temas relacionados con la comida, la figura o fantasías relacionales. Cuando hablo de “lujuria” me refiero a la esfera del pensamiento, la imaginación y el deseo que llevan a conductas sexuales inapropiadas. Por tanto, a continuación he preparado un conjunto de estrategias para la guerra contra los deseos indignos. Las he puesto en la forma de un acrónimo: H I M N O S.
H – HUYE tanto como sea posible y razonable de los estímulos visuales y las situaciones que despiertan deseos indignos. Digo “posible y razonable” porque un cierto grado de exposición a tentaciones es inevitable. Y digo “deseos indignos” porque no todos los deseos de sexo, comida y familia son malos. Todos podemos distinguir cuando son indignos, sin propósito y camino de convertirnos en sus esclavos. Todos conocemos nuestras debilidades y las causas que las desencadenan. “Huir” es una estrategia bíblica. “Huye de las pasiones juveniles y sigue la justicia” (2 Timoteo 2:22). “No penséis en proveer para las lujurias de la carne” (Romanos 13:14).
I – IGNORA y di no a cada pensamiento lujurioso en menos de cinco segundos. Hazlo con la autoridad de Jesucristo. “En el nombre de Jesús, ¡NO!” No tienes mucho más de cinco segundos para hacer esto. Si no te opones a este pensamiento dentro de esos cinco primeros segundos, se aferrará a ti con una fuerza que lo hará prácticamente inamovible. Dilo en voz alta si te atreves. Se fuerte y pórtate como un guerrero. Como John Owen dijo, “Mata al pecado o el te matará a ti”. Ataca rápidamente y hazlo con fuerza. “Resistid al diablo, y él huirá de vosotros” (Santiago 4:7).
M – MIRA con la mente hacia Cristo con fuerza, como una satisfacción superior. Decir que “no” no será suficiente. Debes seguir tu defensa con una ofensiva. Lucha fuego contra fuego. Ataca las promesas del pecado con las promesas de Cristo. La Biblia llama a la lujuria “deseos engañosos” (Efesios 4:22). Porque ellos mienten. Prometen más de lo que pueden cumplir. La Biblia los llama “deseos de cuando aún permanecíais en la ignorancia” (1 Pedro 1:14). Sólo los necios ceden. “Y él en seguida fue tras ella, como el buey que va camino al matadero” (Proverbios 7:22). El engaño se vence con la verdad. La ignorancia se vence con el conocimiento. Ambos deben ser la verdad gloriosa y el pensamiento hermoso. Por eso escribí “Alegría Indestructible”. Nosotros debemos llenar nuestra mente de las promesas superiores y los placeres de Jesús y debemos mirar hacia ellos tan pronto como hemos dicho “¡NO!”
N – NO OLVIDES las promesas y los placeres de Cristo, mantenlos firmemente en tu mente hasta que expulsen las otras imágenes. “Considerad a Jesús, el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe” (Hebreos 3:1). Esto es en lo que muchos sucumben. Rindiéndose demasiado pronto, diciendo: “Intenté expulsarlo pero no funcionó.” Y yo les preguntó: “¿Durante cuánto tiempo lo intentaste?” ¿Cuánto esforzaste tu mente? La mente es como un músculo, lo puedes ejercitar con vehemencia. Arrebatar el reino con violencia (Mateo 11:12). Se brutal. No olvides mantener la promesa de Cristo frente a ti. Aférrate a ella. ¡Aférrate a ella!. ¡No la dejes marchar! ¡Sigue aferrándote a ella! ¿Durante cuánto tiempo? Tanto como sea necesario. ¡Lucha! Por el amor de Dios, ¡lucha hasta que venzas! Si la puerta eléctrica de un garaje estuviera a punto de aplastar a tu hijo, te aferrarías con todas tus fuerzas y gritarías para conseguir ayuda, aferrándola, aferrándola, aferrándola, aferrándola.
O – OBSERVA cómo puedes disfrutar de una satisfacción superior. Desarrolla las capacidades para los placeres en Cristo. Una de las razones por las cuales la lujuria rige la vida de tantos es por el poco atractivo que tiene Cristo. Y caemos en la trampa porque no nos deleitamos mucho en Cristo. No digas, “Yo sencillamente no soy así.”. ¿Qué pasos has tomado para despertar este afecto por Jesús? ¿Has luchado por la felicidad? No seas fatalista. Fuiste creado para apreciar a Cristo con todo tu corazón – más de lo que aprecias el sexo o el azúcar. Si tienes escaso gusto por Jesús, otros placeres triunfarán. Suplica a Dios por las satisfacciones que no tienes: “De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días” (Salmos 90:14). Y entonces mira, mira, mira a la Persona más espléndida del universo hasta que lo veas tal y como es.
S – SAL de tu inactividad o de otros comportamientos que te hacen vulnerable participando en alguna tarea útil. La lujuria crece rápidamente en el jardín del ocio. Encuentra alguna tarea productiva a la que te puedas dedicar y hazlo con todas tus fuerzas. “No seáis perezosos en lo que requiere diligencia; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor” (Romanos 12:11). “Estad firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58). Se abundante en tu trabajo. Ponte en marcha y haz algo. Barre tu habitación. Clava un clavo. Escribe una carta. Arregla un grifo. Y hazlo por amor a Jesús. Tú fuiste creado para manejar y crear. Cristo murió para hacernos “un pueblo celoso de buenas obras” (Tito 2:14). Reemplaza la lujuria engañosa por una pasión por buenas obras.
Luchando junto a ti,
John Piper

miércoles, 29 de enero de 2014

DIOS, MI CORAZÓN Y LA MODA

                    DIOS, MI CORAZÓN Y LA MODA

                                  C.J Mahaney


El capitulo cinco del libro Worldliness fue escrito por CJ mahaney y trata el tema de la moda, particularmente la ropa que usan las mujeres. Dios creó a las mujeres con una cualidad para lucir hermosas y también por querer adornar su entorno. En la moda es un área en la que hay peligros de inmodestia e indiscreción. Muchas mujeres ignoran estos peligros, hace muchos años yo predique un sermón titulado; “El alma de la modestia”, una joven llamada Jenny escucho este mensaje, ella no sabía lo que la Biblia dice sobre este tema. Luego ella dio este testimonio en la Iglesia;

“Cuando yo compraba un vestido solo pensaba en cual resaltaba mi belleza. Cual llamaría más la atención y buscaba la ropa que usaban las modelos. Yo buscaba ser admirada y aceptada por la ropa que usaba. Me encantaba como me hacía sentir la atención que recibía por mi ropa.”(p.118)

No hay un centímetro de nuestras vidas que a Dios no le importe y esto incluye nuestra ropa. A Dios le importa tu corazón al escoger tu ropa. A Él le importa si tu ropa refleja la santidad o la mundanalidad. Pablo dice; “Que las mujeres se atavíen (vistan) con ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinados ostentosos, ni con oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad.”(1Tim 2:9-10). Al igual que 1Juan 2:15 este es un texto que ignoramos frecuentemente o reinterpretamos su significado para evitar su mandato.

Yo escribo como Padre de tres hijas, escribo también como un pastor preocupado por la falta de modestia en muchas mujeres en la Iglesia. Yo escribo porque la gloria de Dios está en juego en la forma en la que se visten las mujeres. Yo escribo porque Dios habla en su palabra de la modestia. Debemos comenzar hablando del Corazón y no de los vestidos, debemos hablar de la actitud de la mujer piadosa. Tu closet es un reflejo público de tus motivaciones personales. Y si tú eres una mujer piadosa deberías cultivar las virtudes de modestia y el dominio propio.

La Modestia busca lo que es apropiado. Significa evitar ropa que sea extravagante o sexualmente provocativa. La modestia es la humildad expresada en la ropa. Es un deseo de servir a los hombres al no provocar o promover la sensualidad. La inmodestia es buscar atención excesiva a tu cuerpo. Es el orgullo reflejado en tu ropa. El Dominio propio, es controlarte a ti mismo por el propósito de la pureza. Es controlarte con el fin de exaltar a Dios y no a ti misma. Estas dos características la modestia y el dominio propio deberían ser la marca distintiva de cada mujer cristiana. (p.120)

“Como sabe una mujer cuando se viste para ser el centro de atención. La respuesta está en las motivaciones del corazón. Es para demostrar gracia y un corazón humilde que ama a Dios o es para llamar la atención o peor para atraer a los hombres. Una mujer piadosa va a pensar cuidadosamente en cómo se viste para que su closet refleje lo que hay en su corazón.” John MacArthur

¿Cuál es la intención de tu corazón cuando compras ropa? ¿Tu closet refleja humildad y un corazón servicial? ¿Cuándo compras ropa tú consideras la modestia? ¿O lo haces buscando atención y aprobación de los hombres? El verdadero problema no es el peinado, el oro, las perlas o los vestidos ostentosos. El problema es la moda que se asocia con la mundanalidad y el pecado. La ropa que dice; “Mírame.” ¿A quién tú buscas imitar con tu ropa? ¿Tu ropa y tu estilo de cabello reflejan una preocupación con la cultura mundana?

Este tema de la moda es sumamente complicado porque algunas mujeres se pueden ofender y pensar que las estoy juzgando. Yo digo estas cosas como un pastor que piensa que las mujeres que se visten inmodestamente ignoran la batalla que tienen los hombres con la lujuria. Ellas probablemente no se imaginan lo que pasa por la mente de un hombre. (p.125). Pero yo no quiero que ninguna este ignorante luego de leer este capítulo. Aquí está un día en la vida de un joven buscando la pureza;

“Cada día yo tengo una batalla contra mi pecado, mi mente y contra la tentación. Cada mañana tengo que orar por misericordia para huir de las pasiones. Hay ocasiones cuando veo muchachas atractivas que tengo que citar versículos de la Biblia para no caer. Las mujeres no entienden que la tentación a la lujuria en los hombres nunca termina.”(p.127)

Como mujer en la Iglesia tú puedes ser una bendición o una distracción. Los hombres ven la modestia como algo atractivo. Ellos aprecian a las mujeres que se visten con dominio propio. Ellos agradecen a las mujeres que les ayudan a pelear la tentación. Yo espero que este deseo por ayudar a los hermanos caracterice a todas las mujeres en la Iglesia.

Los Padres (varones) son esenciales para cultivar la modestia en sus hijas. Cuando una joven se viste inmodestamente usualmente significa que su padre no la protege, no la instruye y no la dirige.(p.130)Fíjate que en 1Tim. 2:9-10 Pablo no se limita a hablar de la ropa, el dice que las mujeres deben ponerse buenas obras como corresponde a mujeres piadosas.

El estilo de vida de esa mujer debe ser una evidencia del poder del evangelio. Vestirte de buenas obras significa, ponerte menos maquillaje, yendo al salón y pasar más tiempo sirviendo la iglesia y pasando tiempo con tu familia. ¿Qué te preocupa más salir de compras o hacer buenas obras? Hace 100 años lo más importante para las mujeres era la belleza interna y las buenas obras. En contraste los ideales de hoy para las mujeres son la libertad sexual y el consumismo, vivimos en un mundo donde el cuerpo es su proyecto principal. Este cambio radical de las buenas obras a la belleza física refleja el cambio de la piedad a la Mundanalidad. Las mujeres cristianas deberían pensar críticamente y rechazar ese cambio cultural. (p.135)

¿Qué te interesa más tu ropa o tu carácter? ¿La gente te conoce por tu buena apariencia o por tus buenas obras? En este texto Pablo nos advierte en contra de dedicarle un tiempo excesivo a la moda y descuidar el carácter piadoso y las buenas obras.

La muchacha que presente al principio Jenny después de escuchar lo que la Biblia dice de la modestia me dijo esto;

“Cuando considere esto yo cambie de actitud, era el orgullo lo que motivaba mi forma de vestir, mi ropa hacia caer a los hombres y deshonraba a Dios. Inmediatamente yo le pedí a Dios por su gracia y misericordia para cambiar. Yo comencé por examinar mi closet, siempre por la mañana cuando me visto cuestiono mis motivos, me visto para glorificar a Dios o para lucir atractiva (externamente). Cada día yo huyo de los deseos mundanos y busco la santidad en el área de la moda. Cuando me visto con modestia estoy honrando a mi esposo porque es una forma de guardar mi cuerpo solo para él y también estoy protegiendo a otros hombres de la tentación. Cuando soy modesta en el vestir estoy glorificando a Dios.”(p.137)

La Modestia es importante por el evangelio. Si vemos el contexto de 1Tim. 2:3-6 veremos que Pablo está hablando del evangelio. El evangelio de Jesucristo es la motivación para vestirse modestamente. Las mujeres que aman a Cristo se visten modestamente porque no quieren deshonrar el evangelio. Tu meta debe ser que no haya una contradicción entre el mensaje del evangelio y la ropa que tú te pones. Como mujer tú puedes alejar a otras personas del evangelio por la forma en que tú te vistes o tú puedes glorificar a Dios al mostrar el poder transformador del evangelio. La mujer humilde y modesta busca que su ropa refleje el evangelio de Cristo.

jueves, 9 de enero de 2014

Salvación

Satanás no quiere que las personas crean en Cristo. Hará todo lo posible para impedir que se arrepientan y confíen en el Señor. Frecuentemente Satanás hace que los incrédulos sientan demasiado grandes sus pecados como para ser perdonados. Les dirá que Dios puede perdonar a otras personas pero no a ellos, porque son demasiado pecadores. Los que son tentados a pensar así deben saber que entre más que sea su pecado, mayor es su necesidad de Cristo. Los que están sanos no son los que necesitan médico, sino los que están enfermos. Entre mas grave es la enfermedad, la necesidad de médico es más grande. A nuestro Señor Jesús le complace tener misericordia y perdonar a grandes pecadores.
Dios ha prometido perdonar a todos los que acuden a Él. La magnitud de sus pecados no es ningún obstáculo para tener misericordia de ellos. Dios dice: “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia y al Dios nuestro el cual será amplio en perdonar.” (Isaías 55:7). Algunos de los pecadores más grandes han sido perdonados por Dios. Pablo dice que él era un hombre cruel y violento hacia los creyentes y que no obstante fue recibido a misericordia. ( I Tim. 1:13) Dios no dice en la Biblia que haya ciertas clases de pecadores que no puedan ser perdonados. Jesús puede salvar perpetuamente a todos los que por medio de Cristo se acercan a Dios. (Heb 7:25).
Entre mas tiempo que una persona se resiste a someterse a Cristo, más crece su pecado. El hombre natural no tiene poder en sí mismo para resistir al pecado. Entonces la idea de que sus pecados sean muy grandes no debe obstaculizarles para creer en Cristo. Conocer a Cristo es la bendición más grande, más importante y más completa que una persona pueda recibir. Todos los que no creen en Cristo serán condenados por sus pecados. “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; mas el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. (Jn 3:36).
Hay otra manera en que Satanás intenta para persuadir a los pecadores a que no crean en Cristo. Les hace pensar que son indignos de ser perdonados por Dios. La Biblia no dice en ninguna parte que Dios necesita esperar a que los pecadores se reformen o sean buenos para poder salvarlos ¡Todo lo contrario! Las únicas personas perdonadas fueron las que no eran dignas. Zaqueo no fue suficiente bueno porque había robado injustamente el dinero de muchas personas. Sin embargo, la salvación le llegó a Zaqueo y fue perdonado. Pablo atacaba a los creyentes y los persiguió cruelmente, no obstante él también recibió misericordia. Estas personas no eran dignas del amor de Dios. ¡Nadie es digno del amor de Dios!
Nadie vendrá a Cristo si espera a ser lo suficientemente bueno. El método divino es que primero crean en Cristo aunque sean indignos. Solamente creyendo serán cambiados por Dios.
Hay un tercer método usado por Satanás para estorbar a los hombres a que crean en Cristo. Satanás les dice que no están preparados para creer, que necesitan tener ciertas experiencias antes de estar listos. Satanás les dirá que no han sido humillados lo suficiente para ser creyentes. De una manera u otra Satanás les hará pensar que les hace falta alguna clase de preparación para poder creer en Cristo.
Por supuesto Cristo ha salvado a algunos que parecían no estar muy preparados. A Mateo le dijo: sígueme (Mat 9:9). La escritura no dice que Mateo fuera preparado de alguna forma, simplemente siguió a Cristo y cambió su vida. Dios no llama a todos los creyentes en la misma manera. Algunos son traídos a Cristo después de muchas tormentas, problemas y crisis espirituales; otros son traídos de forma quieta y tierna. El Espíritu Santo hace su obra en la forma en que Él quiere. Nunca debemos de tratar de establecer requisitos o experiencias que uno debe tener para decir que está listo para creer en Cristo. La palabra de Dios nos llama a acudir a Cristo tal como somos. La experiencia es variable, no obstante los elementos esenciales son los mismos. Por lo tanto no debemos pensar que cada convicto sienta exactamente lo mismo para poder estar preparado para poder creer en Cristo.
Los pecadores no deben escuchar las mentiras de Satanás, sino sólo la voz del Señor que les llama al arrepentimiento y a la fe en Cristo como único camino para ser salvos.